Siguiendo el reto iniciado por @dorisfm y @ulisesrodriguez, y al que se han juntado ya varias personas más (aunque aquí no tengo sus ligas, deberán disculparme) pongo yo lo mío.
Originalmente nació esto porque, creo, no me creían de mi pésima caligrafía. Para muestra, basta un botón:
En un siguiente post pondré la “traducción” del texto, para los que no hayan podido descifrar mi caligrafía.





He de decir que no necesité traducción, sólo me costó trabajo leer las últimas hojas, porque he llorado cual Magdalena.
No sé cuánto de nosotros se va cuando se van, sólo sé que no somos los mismos. A mí también me encantará morir con una sonrisa, así murió mi papá. Creo que quienes se van así, se van satisfechos por haber vivido.
Todos nos tenemos que morir, así decía mi papá… el asunto es que hasta para eso hay diferencias.
En fin, gracias por compartir algo tan personal. Un abrazo.
Pues sí. Bastante difícil es el proceso en el que se acompaña a un amigo mientras se sabe que, a fin de cuentas, será para despedirle.
Por fortuna, como bien dices, quedan los buenos recuerdos, los aprendizajes. Y aunque ausencias como estas se asimilan tarde o temprano, siempre queda esa frustración por no poder compartir nuevas experiencias.
Un saludo, Rodrigo.
Honesto y conmovedor, admirable la forma en que hablas de la muerte. Las personas se van, unos mueren otros solamente se apartan
Como diría Alejandra Pizarnik
alguna vez
alguna vez tal vez
me iré sin quedarme
me iré como quien se va
Muchas gracias Doris, Ulises y Sergio por sus comentarios. Como siempre, son muy apreciados.
Lo importante de todo esto es lo que nos dejan las personas cuando se van. Tal vez parte de nosotros se va con ellas, pero si consideramos lo que aprendimos durante el tiempo con ellas, en teoría, cuando menos, debería de ser eso mayor, no?
Saludos, y gracias nuevamente.