Recapitulando este año

[Parte 1… tal vez]

Mucho ha pasado este año.

Bueno, malo, regular. Insípido y con mucho sabor. Cosas memorables y otras tantas de las que ya no me acuerdo, pero sé de su existencia por el vacío que dejan.

Tantas canciones, letras y sonidos que han llegado, se han ido, o se han hecho ya parte del activo fijo. Canciones que, años y años después de haberlas escuchado por primera vez y de ser parte de mis preferidas, toman forma-realidad y un sentido más íntimo, más personal, más doloroso.

Kilómetros recorridos, y sin embargo, la sensación de no haber avanzado nada. Estar en el mismo punto donde empezamos el año. O quizás un poco más atrás.

Fotos tomadas, fotos borradas. Recuerdos que luchan por seguir vivos y acciones que, parece, quisieran borrar esos momentos. Imágenes que buscan ser conocidas, ser vistas, ser compartidas. Fotos que ahí están, que nos recuerdan lo mucho que pasó, lo mucho que vivimos, lo mucho que sentimos… y de lo que parece solo quedan esas fotos.

Conocerte. Conocerme. Conocernos. Conocer gente nueva, reencontrarse con amigos de antes. Comerse una crepa en Barcelona, unas croquetas de jamón en Salamanca, una pizza en París. Y seguir aquí, sentado frente a mi computadora, con Xeón a un lado, dormido. Como si nada de eso hubiera pasado, aunque en el fondo sabemos que sucedió, que nos marcó, y que quién sabe si podamos superarlo. Si queramos superarlo.

Porque un año más pasa. Un año más de experiencias, gozos y fracasos. Un año donde uno renace tantas veces que duele, porque después de nacer vuelve a morir. Un año de, parafraseando a la China, adversarios que uno pensaría son formidables para darse cuenta que al final no están a la altura.

Un año de encontrar – sin buscar, sin querer – primaveras y cerezos, para solo quedar con los inviernos solitarios y sin chiste de Aguascalientes.

Sueños nuevos. Sueños viejos. El desconcierto de saber que se quiere algo, diferente, especial, lejos, y ver temblar, como casi todo antes, esos sueños y deseos ante la cruda realidad. Querer moverse, y sentirse atado – por puros temores y dudas de los cuales ni siquiera soy culpable y mucho menos objeto – y saber que nada puedo hacer yo para soltar esos amarres.

Libros viejos (no puede faltar Contacto, El fin de la Eternidad, La Fundación, entre el repertorio que repito año con año) con sus situaciones, frases y enseñanzas ya leídas y releídas (y sin embargo, siempre disfrutadas), y libros nuevos, con frases difíciles, enseñanzas y vivencias que nos recuerdan al pasado que queremos dejar atrás, que nos abren un poco la puerta, para solo encontrarnos con que el camino conduce al mismo pasado del que intentamos alejarnos (si no con los mismos personajes, sí con las mismas situaciones). Recomendaciones y dedicatorias. Libros que faltan por llegar, y que tal vez no sean leídos. Libros prestados, libros regalados, libros encontrados. Casi casi lo mismo que los sueños.

Y quiero mantener la esperanza. Quiero pensar que el año siguiente será mejor, a pesar de que éste no termina como quería y suponía que iba a terminar. Pero no dejo de ser siempre un soñador, así que mis pronósticos (y esperanzas) son, apenas, un triste recuento de las experiencias y vivencias pasadas.

Y un año más de recordar y extrañar a los que se fueron y que nunca podrán volver: Carlos, Ernesto, Rafa.

Escuchando: Coming back to life – Pink Floyd

Lost in thought and lost in time
While the seeds of life and the seeds of change were planted
Outside the rain fell dark and slow
While I pondered on this dangerous but irresistible pastime
I took a heavenly ride through our silence
I knew the moment had arrived
For killing the past and coming back to life


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